Me cuenta un amigo que el U Bahn de Berlin sufrió grandes cambios a lo largo de la historia y que fue sobre todo tras la reunificación de la ciudad cuando el plano del metro es más o menos como el de ahora, algunas líneas se unieron y fueron renombradas a la nomenclatura que conocemos ahora. Yo hacía un tiempo que me había fijado en los trenes. El estampado de los asientos es lo más noventero que te puedes encontrar. Pero sobre todo me llamaron la atención las ventanas. ¿a quién se le ocurrió la terrible y hortera idea de poner puertas de Brandemburgo en todas las ventanas? ¿tienen alguna función además de fastidiarte las vistas cuando el metro sale a la superficie?
lunes, 17 de marzo de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
Mi primera casa (le siguen dos más)
¡Ay,
Sonnenallee! Fuiste mi aliada durante los primeros 14 días de mi
estancia en Berlin. Pero también de algunos posteriores porque
había una fuerza que me impedía salir de esa casa. A pesar de que mi
habitación volvía a estar ocupada, es como si hubiera un un ángel exterminador que no
dejaba que me mudara a mi nueva habitación y solo podía seguir allí,
durmiendo ahora en el palo de un gallinero.Así es como llamamos “cariñosamente” Ana y yo a su cama alta. Esas
camas para aprovechar al máximo el espacio de la habitación, aunque
creo que Ana y yo estamos de acuerdo: más vale aprovechar al máximo
tu salud.Le guardo especial cariño a la casa por la gente que allí conocí y que hicieron que mis primeros días en Berlin no fueran tan solitarios y aburridos como me los había imaginado. Buena culpa de ello la tiene la propia Ana. Todo el
mundo da por hecho que vinimos juntas a Berlin, que nos conocemos de
antes, cuando explicamos que no es así muchos se sorprenden. La verdad es que nos llevamos bien, nos entendemos y compartimos gustos y secretos y muchas, muchas horas delante del
ordenador viendo la serie “Friends”. Un hábito que estamos
perdiendo, ya no somos vecinas.A pesar de eso, no creo que seamos almas gemelas. Puede que no existan las almas gemelas ni las medias naranjas, lo que estoy segura de que existen son las personas que conoces y que de alguna forma te entienden. Ana y yo nos hemos conocido aquí por accidente o por
casualidad. Probablemente, por culpa del destino, aunque a veces dudo
y no estoy muy segura de si existe.PD: Este fin de semana volví a la que fue mi casa para celebrar la fiesta de cumpleaños de mi otro compañero de piso. Muchos de la fiesta no me conocían, casi nadie sabía que yo había vivido allí. Sentí que de no haberlo contado, ése seguiría siendo un pequeño secreto entre la casa y yo.
viernes, 21 de febrero de 2014
La historia de la maleta
Llegué a Berlin el 3 de enero de 2014. No es la primera vez que viajaba con la intención de quedarme un tiempo más o menos largo en otro país. Siempre he tenido esa alma aventurera, aunque esta vez tenía menos ganas que las anteriores. Puede que sea esa la razón por la que hice la maleta peor hecha de la historia. Nada cabía. Y menos para pasar un invierno alemán, pero al llegar al destino me di cuenta de que había cosas esenciales que podía haber metido. De todas maneras, eché mucho de menos mi maleta, hasta que el día de Reyes un mensajero alemán trajo mi maleta.
Esa
maleta con la que viajo a todas partes, que me acompaña cuando
estoy perdida y me acerco a las esquinas de las calles buscando un
letrero con su nombre. Esa que arrastro casi sin fuerzas después del
largo viaje. Esa misma que esa noche esperaba, mirando fijamente la
cinta giratoria con otras maletas frías que sus dueños recogían.
Después de una hora esperando una chica recogía su maleta color
verde lima y sonriendo me deseaba: “¡suerte!” pero no la tuve y llegué a casa sin maleta, una maleta que volví a ver tres días después.
Me contó que había estado en el aeropuerto de Barajas con otras maletas. Que muchas hablaban idiomas que no entendía y que cuando se hizo amiga de una maleta con cremallera la recogieron y la lanzaron a un carro encima de otras. Se disculpó cuando la maleta de debajo se quejó por el golpe, aunque ella no tenía la culpa, decía que trataban a las maletas de muy mala manera y viendo su aspecto no lo dudé en absoluto. Arañazos, manchas negras posiblemente de cintas transportadoras hacían ver el mal trato que daban a las maletas en ese lugar. La llevaron a un sitio muy oscuro y cuando volvió a ver la luz me dijo que hablaban alemán, ella ya conocía el idioma porque habíamos pasado grandes aventuras juntas allí.
Así que chapurreando un poco con las otras maletas se enteró de que había llegado a Frankfurt. Estaba tan cansada que se quedó dormida y cuando se despertó volvía a estar en Madrid, volvieron a lanzarla fuerte encima de otras maletas, se volvió a disculpar y llegó a Munich. Decía que hacía mucho frío, que desde allí llegó a Berlin y que se puso muy contenta cuando escuchó mi voz en el telefonillo, que estaba segura que la echaba de menos, sobre todo porque me había dejado dentro el cargador del ordenador y del móvil. Así que cuando llegó le di un besito cerca del asa y le dije que había sido el regalo de Reyes que más había deseado nunca.
jueves, 20 de febrero de 2014
Berlin (sin tilde)
Hallo
Leute!
Vivo
en Berlin desde el 3 de enero de 2014. No es mucho, pero por eso
mismo pretendo plasmar en este diario todo lo que vaya descubriendo
de esta ciudad. Berlin. Es una ciudad que llama la atención de
muchos jóvenes, sobre todo con inquietudes artísticas y aquí estoy
yo. En medio de esta gran ciudad (para mí es gigante). El vértigo, el amor, la ilusión, el arte, la diversión, todo
cabe en esta ciudad. Sí, en ésta y en muchas otras, pero Berlin es
diferente. Permitidme que escriba Berlin sin tilde. Y pronto
conoceréis otras licencias, como la de que no todo lo que aparezca
en este blog sea verdad. Podríamos llamarlo diario de
realidad-ficción.
Un
saludo,
Paula.
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